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¿Tienes un corazón enseñable?

“Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente y poderoso en las Escrituras…” (Hechos 18:24–26)

Apolos era un hombre brillante. Conocía las Escrituras, hablaba con pasión y enseñaba con convicción. Sin embargo, su conocimiento no estaba completo: entendía solo el bautismo de Juan. Había sinceridad, pero también limitación. Fue entonces cuando Priscila y Aquila lo tomaron aparte y le explicaron con mayor precisión el camino de Dios. Ese momento marcó la diferencia en su vida y en su ministerio.

El punto no es que Apolos estuviera lejos de Dios, sino que necesitaba crecer. Y creció porque tuvo algo esencial: un corazón enseñable. No permitió que su elocuencia lo encerrara en el orgullo ni que su reputación le impidiera escuchar. Aceptó corrección. Se dejó instruir. Y como resultado, fue más útil y más efectivo en la obra del Señor.

El crecimiento espiritual depende de nuestra disposición a ser enseñados.

Muchas veces podemos parecer maduros por fuera: conocemos versículos, servimos en la iglesia, hablamos con seguridad. Pero, como Apolos, puede haber áreas donde nuestra comprensión todavía necesita ser ajustada. Y lo que creemos moldea profundamente lo que somos.

La Escritura afirma: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Proverbios 23:7)

Nuestra manera de pensar define nuestras decisiones, nuestras actitudes y nuestra forma de vivir la fe. Si nuestro entendimiento es parcial o está mezclado con tradiciones, experiencias personales o ideas no examinadas, eso impactará nuestro caminar con Dios.

Por eso el apóstol Pablo exhorta: 
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.” (Romanos 12:2)

La transformación no ocurre automáticamente. Requiere humildad. Requiere permitir que la verdad de Dios confronte nuestras ideas previas. Requiere aceptar que todavía estamos en proceso.

Jesús declaró:
“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32)

La libertad viene cuando estamos dispuestos a someternos a la verdad. Apolos fue más libre y más eficaz cuando permitió que su entendimiento fuera ampliado. No perdió autoridad; la ganó. No perdió influencia; la fortaleció.

Tal vez hoy el Señor quiera hacer lo mismo con nosotros.

El Salmo 139:23–24 expresa una oración valiente: pedirle a Dios que examine nuestro corazón y revele lo que necesita ser corregido. Esa es la actitud de quien desea crecer de verdad.

La madurez espiritual no consiste en creer que ya sabemos suficiente, sino en mantenernos sensibles a la voz de Dios y abiertos a Su corrección.

No podemos basar nuestra fe solo en emociones, experiencias o lo que siempre hemos oído. Necesitamos volver continuamente a la Palabra, permitir que ella nos moldee y ajustar nuestro pensamiento a la verdad revelada.

Un corazón enseñable es la clave para crecer y ser transformado.

Hoy podemos preguntarnos:

  • ¿Hay áreas en mi vida donde necesito mayor claridad?
  • ¿Estoy dispuesto a ser corregido si la Palabra me muestra algo diferente?

Oremos:

“Señor, examina mi corazón. Muéstrame si hay en mí pensamientos o creencias que no están alineados con Tu Palabra. Dame un espíritu humilde y enseñable, como el de Apolos, para seguir creciendo y servirte con mayor fidelidad. Renueva mi entendimiento y guíame en Tu verdad. Amén.”

Que nuestra mayor fortaleza no sea lo que ya sabemos, sino nuestra disposición constante a seguir aprendiendo.

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