Que la Palabra de Cristo Haga Su Hogar en Ti
No se trata de una visita ocasional, ni de un contacto superficial. Pablo habla de una presencia permanente, viva, que gobierna, moldea y renueva. La Palabra no quiere ser un accesorio espiritual; quiere ser el hogar donde Cristo vive en nosotros.
Cuando la Biblia habla de la palabra de Cristo, se refiere al mensaje completo de Jesús: su vida, su muerte, su resurrección y todo lo que eso significa para nosotros. Lucas describe el evangelio como “todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar” (Hechos 1:1). Y en la iglesia primitiva, esta enseñanza era conocida como la doctrina de los apóstoles (Hechos 2:42).
La palabra de Cristo es:
La revelación de Cristo (Juan 5:39).
La Escritura que da testimonio de Él (Lucas 24:27).
La autoridad de Dios para guiarnos a la salvación (2 Timoteo 3:15–16).
No es información religiosa. Es Cristo mismo hablándonos.
Una palabra que se comparte en comunidadPablo une esta exhortación a la vida de la iglesia: enseñarse, aconsejarse y cantar juntos (Colosenses 3:16). La Palabra se vive en comunidad.
En la iglesia primitiva, muchos no sabían leer, el Nuevo Testamento aún no estaba completo, y la única manera de recibir la Palabra era escuchándola juntos. Por eso se reunían con un propósito claro: edificarse mutuamente (1 Corintios 14:26).
La Palabra estaba en:
La enseñanza.
La exhortación.
La adoración.
Todo apuntaba a formar a Cristo en ellos.
Una palabra con autoridad y vidaLa palabra de Cristo no es como cualquier otra. Jesús dijo que sus palabras son espíritu y vida (Juan 6:63). Pablo afirmó que decidió no aferrarse a ningún otro mensaje excepto Jesucristo, y a este crucificado (1 Corintios 2:2). Y en Efesios 4:20–21 recuerda que la verdad que aprendemos procede de Cristo.
Por eso la Palabra:
Tiene autoridad (Mateo 7:29).
Produce fe (Romanos 10:17).
Produce vida (Juan 6:63).
Pedro nos invita a desear la Palabra como un niño desea la leche (1 Pedro 2:2). Jesús lamentó que algunos no le daban espacio en su interior: “Mi palabra no halla cabida en vosotros” (Juan 8:37). Y Pablo nos recuerda que la Palabra debe gobernar nuestra vida, así como la paz de Cristo gobierna nuestro corazón (Colosenses 3:15).
Tener una Biblia en la mano no es suficiente. La Palabra debe tener un hogar en nuestra mente, en nuestras decisiones, en nuestros deseos.
Una palabra rica, abundantePablo no habla de una Palabra escasa, sino abundante. No se trata de acumular datos, sino de recibir la riqueza del evangelio: su verdad, su belleza, su poder. La Palabra quiere llenar cada rincón de nuestra vida (Colosenses 3:16).
Cómo dejamos que la Palabra habite en nosotrosLa Palabra entra por puertas sencillas, pero profundas:
Escuchar con atención (Mateo 13:9).
Leer y estudiar (Hechos 17:11).
Meditar (Salmo 1:2).
Obedecer (Santiago 1:22).
Así, la Palabra deja de ser algo externo y se convierte en parte de nuestra vida.
Lo que ocurre cuando la Palabra habita en nosotrosCuando la Palabra de Cristo encuentra un hogar en el corazón, algo hermoso sucede:
Cristo es formado en nosotros (Gálatas 4:19).
Nuestra mente se renueva (Romanos 12:2).
Aprendemos a pensar como Él (1 Corintios 2:16).
Vemos el mundo desde el Reino (Mateo 6:33).
Recibimos sabiduría (Salmo 119:98–100).
Somos fortalecidos en la prueba (Salmo 119:28).
Caminamos con esperanza (Romanos 15:4).
La Palabra no solo informa: transforma.
Una palabra que cambia el corazónLa Palabra no es un simple código moral. Es una obra profunda del Espíritu que cambia deseos, purifica intenciones y forma una nueva manera de vivir. Pablo habla de ser transformados mediante la renovación de la mente (Romanos 12:2) y de renovar el espíritu de nuestra mente (Efesios 4:23).
La transformación cristiana comienza en la mente y se manifiesta en la vida.
Un tesoro que no debemos descuidarHoy tenemos la Biblia en nuestras manos, en nuestros teléfonos, en nuestras computadoras. Está más accesible que nunca. Y, sin embargo, muchas veces la leemos menos que nunca. Olvidamos que hubo quienes dieron su vida para que pudiéramos tenerla.
La palabra de Cristo es:
Luz en la oscuridad (Salmo 119:105).
Alimento para el alma (Mateo 4:4).
Esperanza en la aflicción (Salmo 119:50).
Que la palabra de Cristo encuentre un hogar en ti. Que habite en abundancia, que llene tu vida, que transforme tu corazón. Que te dé sabiduría, consuelo, fuerza y dirección. Que Cristo sea formado en ti para la gloria de Dios.
Que la Palabra no solo pase por tu vida, sino que viva en ella.
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