Enséñanos a Contar Nuestros Días
Hay algo especial en el cierre de un año. No es solo un cambio de número; es como si el tiempo mismo nos invitara a detenernos. A respirar. A mirar con honestidad lo vivido y a mirar con esperanza lo que viene. En medio de resoluciones, metas y nuevos comienzos, la Escritura nos lleva más profundo. Nos conduce a una oración que atraviesa los siglos:
“Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.” (Salmo 90:12)
Un salmo que nos mira por dentroEl Salmo 90, atribuido a Moisés, no es un canto ligero. Es un espejo. Un recordatorio de que somos frágiles, pasajeros, temporales… y que Dios es eterno. No nos invita a pensar en dietas, proyectos o logros visibles. Nos confronta con algo más esencial: la vida es breve, pero Dios permanece para siempre.
El tiempo: ese regalo que no vuelveA lo largo del salmo, el tiempo aparece una y otra vez: generaciones, mil años, la mañana, la noche. El tiempo es nuestro territorio, no el de Dios. Nosotros envejecemos; Él no. Nosotros cambiamos; Él no. Nosotros nos desgastamos; Él permanece.
El salmista lo describe con una imagen sencilla y poderosa: somos como la hierba que florece por la mañana y se marchita al caer la tarde.
Cada fin de año nos recuerda esta verdad. No tenemos tanto tiempo como pensamos. Y precisamente por eso, cada día es valioso.
Pero Dios…En medio de nuestra fugacidad, el salmista levanta la mirada y declara:
“Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”
Ese contraste lo cambia todo. Dios no está atrapado en el tiempo. Él es eterno en su poder, en su reino, en su propósito, en su pacto, en su evangelio. Y desde esa eternidad, nos ofrece dones que trascienden nuestra fragilidad: vida eterna, salvación eterna, redención eterna, herencia eterna, consuelo eterno.
Somos polvo, sí. Pero polvo amado, redimido y sostenido por un Dios que no cambia.
Aprender a contar los díasLa oración del salmista no pide más tiempo, sino sabiduría para vivir el tiempo que ya tenemos. Contar los días no significa vivir con miedo, sino con conciencia. Es reconocer que cada día es un regalo que debe administrarse con intención.
El Nuevo Testamento retoma esta idea: “Aprovechen al máximo cada momento oportuno.” “Vivan sabiamente.”
Dios es soberano sobre la vida, pero nos llama a ser buenos administradores del tiempo que nos concede. Y la sabiduría comienza cuando reconocemos quién es Él.
Vivir con propósito eternoEclesiastés nos recuerda: “Acuérdate de tu Creador antes que lleguen los días malos.”
Contar los días es vivir despiertos. Es entender que nuestra vida no es un accidente, que cada día fue escrito por Dios antes de existir. Es vivir con sobriedad espiritual, con propósito, con la mirada puesta en lo eterno.
Cristo: donde el tiempo y la eternidad se encuentranEl Salmo 90 encuentra su plenitud en Jesús. El Verbo eterno entró en nuestro tiempo. El que no tenía principio asumió nuestros días contados. El que sostiene el universo se hizo vulnerable, cansado, mortal.
Jesús vivió cada día con perfecta obediencia. Murió cargando nuestras horas desperdiciadas. Resucitó inaugurando una vida eterna que ya comenzó en nosotros.
Por eso, en Cristo, contar los días no es una cuenta regresiva hacia la muerte, sino un camino hacia la eternidad. Un llamado a vivir con misión, gracia y esperanza.
Una oración para cerrar el 2025 y comenzar el 2026Al reconocer que la vida es breve, aprendemos a vivirla mejor. Queremos que nuestro trabajo tenga peso eterno, que nuestras palabras edifiquen, que nuestras decisiones reflejen sabiduría, que nuestra vida glorifique a Dios.
Y así, al despedir este año, elevamos esta oración:
Señor, enséñanos a contar cada día. Danos sabiduría para vivir con propósito. Ayúdanos a aprender lo que este año nos enseñó. Que no vivamos para nosotros mismos, sino para tu voluntad eterna. Reconocemos nuestra fragilidad, pero descansamos en tu eternidad. Llévanos al nuevo año con gratitud, fe firme y un corazón alineado contigo. Amén.
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